Siempre es demasiado tarde

Tengo varias razones para buscarte. La principal es la excusa básica que se utiliza siempre cuando, sin querer, me descubro mandándote un mensaje al celular:

Esta no es una promoción de vida. Es la vida.

Y luego, me ponía a leer un poema de Neruda. Estúpida.

No estoy segura en realidad de que me leas. No es posible advertirlo. Tal vez hayas dado un par de lecturas a este blog, esperando (o deseando) que alguna de esas historias fuese la tuya. Pero lo cierto es que hace mucho tiempo que me dediqué a olvidar lo que fue de nosotros. Y quizá si yo comenzara a escribir de nosotros, terminaría mintiendo. Lo recuerdo son solo escenas, sin sonido, temerosas, llenas de color, pero sin diálogo. Terminó por ser una salida para mi, un invento. Ya te explico:

Cada vez que me encuentro en una escena de la que quiero escapar: una cena familiar, una película que estoy viendo con alguien al que me quiero follar pero con quien primero tengo que pasar por todos los requisitos de que me importa, cuando estoy al teléfono con mi jefe y ya me ha hablado ocho veces de lo mismo (lo cual siempre, a los mexicanos se les da mucho), cuando tengo un tiempo para mi y estoy esperando mi orden en el restaurante; bueno en tiempos vacíos, pienso en las historias que nunca nos dimos.

¿Sabes cómo? Las hilo todas. Hago una historia del vago recuerdo que tengo y hay días en dónde me salen espectaculares, otras no tanto, si te soy sincera. Han llegado a terminar en que te saco el corazón en un sacrificio humano. Aunque puede ser más bien que esos fatalistas los haya soñado en una noche de tormenta.

Tengo unas cuantas escenas muy bien formadas. Recuerdo la mayoría de la trama (recuerda, sin los diálogos) y quizá un día de estos, me atreva a llenar los espacios vacíos para un goce personal.

Lo que sí recuerdo, fue una noche en la que me llevaste a cenar a un lugar en la Roma, tenía un árbol enorme con muchas luces y antes de entrar, me quedé mirándolo un rato. Me tomaste por la cintura y me susurraste: ¿Te gusta? Pero yo no contesté. Te quedaste ahí, esperando un poco de tiempo, pero cuando advertiste que no te iba a contestar, lo único que pudiste hacer fue dirigirme a las escaleras, y llegando a la entrada del restaurante, la hostes nos enseñó el lugar dónde nos ubicaría. Tu te sentaste al lado de mí y me dijiste, mientras me tomabas de la mano: Siempre voy a recordar esta noche.

Recuerdo que sonreí.

No alcanzo a ver con claridad en esa escena que justamente acabo de evocar, que fue lo que hacía importante a esa noche en particular. Solo recuerdo que sonreí.

Que incrédulos fuimos al pensar que ambos recordaríamos esa noche.

Siempre, es demasiado tarde, al parecer.

No me hagan mucho caso, voy a empezar a retomar este hábito. Para bien o para mal.

Indirecta 1

¿Y qué hubo de la noche en la que decidimos decir "adiós"?
Cenizas.

Y esas 500 noches que todavía no terminan.

Si todo fuese simple, siguiéramos con vida.
Muertos, dibujando entre escombros, nos hemos olvidado.
Como quien olvida la contraseña de su correo electrónico: Mejor se busca otro. Crea una nueva vida, con el perfil que le hubiera gustado, con el juego de golf cada fin de semana y con el cigarrillo a medio terminar cada miércoles, a las 17 horas. Pensando en que quizá en la vida paralela en la que nos gustaba pensar, también terminamos mal.

También, terminamos.

¿Cómo?

De alguna manera me acordé de la sonrisa idiota que ponía cuando pasabas por mi en tu coche fancy y tus relojes caros.

Esa estúpida sonrisa que dejaba entre los dientes, sintiéndome la engreída reina de una película de esas, que tanto odio.

Pero no estábamos destinados a ser. Y eso todo el mundo pudo haberlo sospechado, menos nosotros, los aguerridos tontos que jugábamos a ser idiotas.

Y como tales, insistimos por años en una relación cuyo mayor fruto fue el olvido, el lento y sigiloso sueño estereotipado fundado en un: nunca podrá ser.

Lástima.

Todo parecía sacado de la novela rosa que parecía culminar con un final feliz. Incrédulos. Años y años de correos, de vínculos creados como si fuéramos fugitivos. Regalos anónimos, cartas escritas con papel china y pluma fuente. Nada sirvió, de todas formas terminamos como espuma de mar: al final de una ola.

¿Cómo se termina algo que nunca comenzó?

No tengo la mas mínima idea. 

Supongo que como comenzó: que nadie diga nada y entienda las indirectas y adiós.

Adiós.

Soy simplemente una tormenta.

tormenta.
(Del lat. tormentapl. de -tum, tormento).
1. f. Perturbación atmosférica violenta acompañada de aparato eléctrico y viento fuerte, lluvia, nieve o granizo.
2. f. Adversidad, desgracia o infelicidad de alguien.
3. f. Manifestación violenta de un estado de ánimo excitado.
4. f. Cantidad grande de algo, especialmente si es impetuoso y violento. Una tormenta de ataques y de protestas de la prensa contra el Gobierno.
5. f. Perturbación o agitación en algún aspecto de la organización política, económica o social. Una tormenta financiera.



No sé en que momento comenzó a escribirse en estas páginas las aventuras que me ha traído ir tras el amor una y otra vez sin saber precisamente lo que estoy buscando. Esa parte, querido diario, es la que me ha asustado continuamente mientras tomo mi copa de vino, tranquilamente en el lugar en dónde suelo relajarme después de tener las horas contadas para presentar un amparo.De pronto, llegas tu de la nada, como si todo estuviera bien y como si los diez años que hay de distancia entre nosotros hubieran parecido un simple juego del que no hay que distraerse ni un solo momento. No pasa nada frente el influjo de tu mirada, pareces dominar a las sirenas. Pero da la casualidad que yo no soy una de esas féminas. A mi, debes temerme.Soy una perturbación del viento, una mezcla rara entre los tres estados del agua. Pero soy alguien que trata de hacer parecer, al velero que navega en mí, que soy de confianza, que no hay por qué temer.Soy una gran cantidad de lo que no pudo ser, una manifestación violenta de odio y amor al mismo tiempo. Soy una tormenta, mi amado navegante.Pero en ese momento, sentada frente a mi copa, llegaste a mi mesa y no preguntaste si deseaba que te sentaras, simplemente, te sentaste.
¿Estas agitada? Preguntaste. Nada volvió a ser lo mismo entonces.¿Has escuchado que la marea sube por las noches debido a la presión atmosférica? Algo así es mi vida. Y llegaste por la noche, aclaro. Te acabas de marchar.
Platicamos y de pronto, pagaste la cuenta y te fuiste. Vaya manera de hacer pensar que todo está bien.
Mi tormenta favorita, exclamaste. Pero en lugar de enfrentarla, marino cobarde, le sacaste la vuelta y giraste tu velero hacia mares más tranquilos, lejos de mi.No está mal. Yo lo hubiera hecho. Es sólo que pensé que esta vez sería diferente. Pero debo de guardar las ganas en un rincón, contigo nunca se sabe. Porque si yo soy una tormenta, tu eres simplemente, la marea.

marea.
(De marear).
1. f. Movimiento periódico y alternativo de ascenso y descenso de las aguas del mar, producido por la atracción del Sol y de la Luna.
2. f. Parte de la costa que invaden las aguas en el flujo o pleamar.
3. f. Viento blando y suave que sopla del mar.
4. f. Cantidad de pesca capturada por una embarcación en una jornada.
5. f. Viento que sopla en las cuencas de los ríos, o en los barrancos.
6. f. Multitud, masa de gente que invade un lugar.
7. f. p. us. Rocío, llovizna.
8. f. desus. Conjunto de la inmundicia o bascosidad que se barre y limpia de las calles y se lleva por ellas, facilitando su arrastre con el agua. Era u. m. en Madrid.

Étereo

Desde hace siete años, casi ocho, tengo una relación secreta que va y viene, dentro del mar de todas mis otras relaciones fugaces. Nos escribimos cartas por correo electrónico y mensajeamos hasta la madrugada por teléfono. Mediante esta bendita tecnología que, aunque estando sola en mi departamento, siempre estoy acompañada por miles de palabras. Pero es momento de confesarme.

Una no puede suponer que el amor durará por siempre, a lo largo de los años, pero esto ha sido tenue y ello le ha valido el tiempo transcurrido.

Hemos pasado por tantas cosas que de escribirlas, tal vez en algún momento haga una novela o un guión de película que sólo verán las mujeres que siempre han querido tener a alguien a pesar de todo.

Y ahora estoy aquí, confesándome después de tantos años, querido Diario. Y lo hago porque ya no puedo más.

La leyenda se desfunda y se convirtió en realidad. Justo eso hizo que la magia terminara.

En el fondo se escucha una ligera música de piano. Estoy cansada de todo, de fiestas navideñas, de la familia y de compromisos con la oficina. Dejo las zapatillas en la entrada de mi recién alfombrado hogar. Abro una botella de vino y de pronto un mensaje:
- Qué haces?
- Llegando a casa, ¿gustas una copa? - envío una fotografía de la botella y de dos copas, una llena y la otra, vacía.
- Sigo en el trabajo.
- Son las tres de la mañana.
- Lo sé.
- Bueno, yo bebo esto y disfrutaré mi viernes.
- Me gustaría estar contigo, aunque de cierta forma, estoy.
- Pero no estás dándome un masaje a los pies.
- ¿Recibiste mi regalo?
- Si. No tenía idea que tuvieras la dirección del despacho.
- Yo no tenía idea de que después de tantos años, te ame tanto.
- Esas son palabras mayores, las cuales no puedo leer en voz alta. Me aterra.
- Pero es la verdad.

Me sirvo otra botella de vino y entonces todo termina entre borbotes de tinto y unas cuantas canciones dedicadas. Lo cierto es que nos sentimos muy solos y el saber que existe alguien del otro lado, lejos, pensando en ti, recrea un área de confort que nos ha mantenido cuerdos por tanto tiempo. Él deja de escribir. Dice que me ama pero no me escribe los fines de semana. No es necesario ser un detective para saber porqué. Seguramente yo tampoco abandono el juego porque había estado muy ocupada tratando de tener una vida social, o porque salía con alguien o por algo en especial. Pero lo cierto es que nunca me había hecho tanta falta como ahora.

Ahora que justamente, es viernes. Y le tengo miedo al sábado pero pánico al domingo. Me invento algunas cosas que hacer pero miro el celular cada diez minutos y eso no es vida. Cuando una canción te gusta la repites mil veces, la cantas, miras el vídeo. Pero luego, te cansa, deja de ser tu canción favorita, surge otra, pero ¿hasta cuando? pero ¿y si no?

Por el momento, no he encontrado nada en la radio que me guste, este estilo nuevo me abruma pero no me gusta. 

Estas heridas no se han construido solas, he recorrido mucho para llegar hasta aquí.
Y me siento terriblemente triste.

Triste porque las páginas en blanco se siguen quedando así, y tan sólo obtengo suspiros de lunes a viernes. Porque no he querido tener a alguien más, pero él no me ha querido tener a mi. La historia entonces se convierte en un veneno que estoy pensando si tomar o no.

De todas las historias que pudiera contar, esta es la más etérea. No la puedo tocar, no la puedo terminar, porque no se puede terminar algo que no se ha iniciado, porque no lo tengo frente a mi para pedirle que se acaba de ir no sólo los viernes, sino todos los días.

Y de pronto, a la luz de un sol inexistente, un mensaje:
- Que tengas un viernes, maravilloso.

Y yo vine a escribir esto.

Artista entero.

¿Te acuerdas de ese momento en el que al llegar a la oficina, me besaste?
Yo también.

Cada que lo recuerdo, me parece como una mentira, como algo que nunca viví. De ser el caso, ese rastro de anécdota está destinada a morir. Y eso me parece sumamente triste.

Es extraño como han pasado los años, como han pasado las personas en mi vida y me siga acordando justamente de ese momento.

Días en la oficina sin terminar las labores. Días frente a la computadora escribiendo borradores que nunca verán la luz de la publicación en este blog simplemente porque la historia, a veces me parece, jamás debe ser contada.

Quien me conociera diría que estoy encaprichada.
Puede ser.

Pero en el fondo de mi corazón enmarañado, asustado y ensangrentado; te extraño porque nadie ha sido capaz de robarme un beso de esa forma.

Solías ser tan audaz cuando estabas conmigo que parece modo de mentira que ahora te conformes con ser el pobre propietario de un negocio que ni siquiera forjaste tu.

Eso, conformarte.

Conformarse con ser... Papá.

Ramo de rosas número tres mil cuatrocientos cincuenta y ocho.

No soy mujer para ti, debes aceptarlo.
Le dije. Creí que iban a desfallecer en ese momento y ante su incredulidad, seguí con el monólogo querido diario, que ya conoces. Que no soy buena mujer, que me enamoro con facilidad, que de igual forma me aburro, que estoy en constante aventura, que yo ya perdí mis oportunidades con el amor, que yo ya no me debo nada con el romance...
Pero parecía no entenderme.
Te voy a destruir y te convertirás en un hombre más de los cuales las mujeres tanto se quejan. Y eso es una lástima. Puedes ser buen marido, buen novio, pero amante serías el peor. No soy mujer para ti, debes entenderlo.

Consiguió entonces salir del restaurante sin decirme una palabra y pensé que me había librado de él hasta este momento en el que, al llegar de comer, me encuentro con un descomunal arreglo de flores: "Haré que te enamores de mi".

Le mandé un mensaje de texto: "El amor nunca debe forzarse".

Fin de esta historia.

Dato al margen.

Querido Diario.
Todo fue mal.
Mil cosas pasaron por mi cabeza y lo cierto es que no pude aterrizar nada. No pude decir, ni pensar, ni hacer nada ante lo que sucedió el pasado sábado.
Todo ha terminado, sin ni siquiera haber empezado alguna vez.

Querido Diario, en verdad siento que no puedo desearle lo mejor y ese es el auténtico problema.
Pero tampoco me atrevo a desearle lo peor, porque lo cierto es que esta historia ya tan poca relevancia tiene que no importa si es que hubo o no, un punto final.

Me quedo con los pequeños recuerdos que hubo a lo largo de un año, hace cuatro. Eso y un "gracias por venir".

No me sorprende que no pudiera ser una maldita. No cuando existe una tercera persona que espero jamás conocer, ni por equivocación. Eso sí me regresa a mi estatus de malvada. Supongo.

Un hijo

Tengo que confesarte, querido diario, que no puedo llegar a entender cómo es que la gente suele ser tan estúpida. Quizá es que la estúpida soy yo y no me he dado cuenta.
Todo puede pasar, pero es que cuando me han dicho la verdadera razón -sin especulaciones- del porqué el niño abogado se casa, no tuve más remedio que echarme a reír.
Reír ante la estupidez, querido diario.
Reírme porque no sé hacer otra cosa que no sea reírme de las estupideces de los demás.
La verdadera razón porque el niño abogado se casa dentro de dos días es muy sencilla. Tan lo es que no puedo contener mi rabia justo ahora. ¿Porqué no lo determiné antes?
Un hijo.
La mujer que será su esposa dentro de unas horas, además de ser la única heredera de la fortuna de su padre, desarrolla un ser que lleva los genes del niño abogado.
Ya no será niño, ahora será padre abogado y pasará a ser uno de tantos y tantos abogados subyugados a la mujer. A una mujer que dentro de poco parirá con dolor y se lo recordará toda su vida y por ello le deberá su alma.
Su vida y su alma.

Un hijo.
Sólo hay dos razones para tener un hijo, querido diario. Porque quieres o porque quieres.
Y si no, porque eres un verdadero estúpido...

Y entonces, ya me quedó claro.

Iré a la boda.
Soy una especie así como de amante de las obras de teatro.

Ajedrez.

Lunes en donde resulta que no cambié el horario de mi despertador y me levanté a las seis de la mañana en lugar de a las cinco. Ya no pude ir al gimnasio porque a esa hora ya no alcanzo ir al vapor tranquilamente ni bañarme dignamente.
Lunes en el que la tarjeta del estacionamiento quedó desprogramada y me quedé esperando que alguien de la oficina llegara para poder arreglar el pequeño inconveniente.
Lunes, querido diario, dónde al llegar a la oficina y comenzar a ver los pendientes con mi café matutino, recibo la llamada inesperada.
"Había estado queriendote marcar desde hace mucho".
Pausas innecesarias, yo no quise decir más que monosílabos que no pongan en la línea de fuego a este cuerpo inerte, cuando de pronto:
"Me caso en tres semanas y nos gustaría que nos acompañaras".
Un plural funesto.
Un imperativo egoísta, como todos. Un muro que cae lentamente. Sabía que tenía que reaccionar, querido diario. Sabía que no tenía que poner al descubierto mis ganas locas por recriminarle algo. Pero las palabras no salían de mi boca.
"Pues no hay nada que decir, más que me da gusto por ustedes y que obviamente los acompañaré".
"Gracias, significa mucho para nosotros, te mandaremos la invitación con el chofer, lo haríamos nosotros mismos pero como te imaginarás, estamos vueltos locos por la premura del evento".
"Lo imagino. ¿Dónde pondrán la mesa de regalos?"
"No habriremos ninguno"
"Bien, entonces supongo que de mí podrán esperar un tostador".
Silencio fúnebre.
"Ahí estaré. Saludos y felicitaciones a ambos".

Lunes, querido diario, de pensar que todo se desmorona en un instante. Pero de pensar, que tengo al menos, un problema menos de que preocuparme. Verás, la indecisión me estaba matando y ese niño abogado se salió con la suya. Mira que enamorar a la socia del despacho y hacer una mansión en el Estado de México para codearse con la alta sociedad, tiene un mérito que no alcanzan las palabras en el diccionario para nombrarlo.
Indecible.
Sólo puedo calificarlo así, como un final inesperado que había sido planificado con cautela.
Este juego de máscaras me tiene harta. ¿Para qué? ¿Con que fin? Es un show en el que no estoy segura de participar. Esta vez no me gustaría ser la reina del ajedrez por el que se hace jaque mate. Seguro ella espera decirme con la mirada "gané". Y simplemente, querido diario, no era necesario que lo hiciera. Ella ganó hace mucho, el premio era todo suyo. Yo lo había perdido mucho antes de comenzar el juego.
Porque yo siempre me dejo perder por un peón.
Porque estoy demasiado cansada para jugar y sólo disfruto de los movimientos de alfil, pero estoy muy cansada de pensar que en el tablero, la reina tiene que estar al lado del rey. En mi caso, ese no es mi lugar. Para mi, eso no es "jugar", prefiero moverme todo el tiempo, por todo el tablero y moverme como torre, como caballo, a mi conveniencia.
Yo pierdo los juegos, todos. Pero no pierdo el poder, simplemente porque no espero quedarme al lado de un rey que sólo sabe moverse cuadro por cuadro.
Yo no.

Tu ganaste, querida.
¡Felicidades!

-Espanto y realidad-

Por fin el universo me escuchó y la dejaste.
Dejaste a esa mujer que tenía sólo un plan en tu vida: Aburrirla. No es que a esa mujer la menosprecie, no. Lo cierto es que era tan sosa que yo misma creía que tus deseos de acabar rendido ante la rutina premeditada de todos aquellos que se casan, me daba un poco de náuseas.
Todos, sin duda, se han puesto esa capucha de apoderados sentimentales para que nadie les haga daño pero ¿tu? Era imposible.

Esa mujer que te tenía a sus pies únicamente para concentrarte en una relación que ni querías, ni deseabas pero que "necesitabas" me daba tanta repulsión que supongo que esa fue la principal razón por la que dejamos de ser amantes. Y en verdad era una pena.

Dejar esas llamadas a las dos de la mañana para el sexo en el lobby de tu hotel los días que estabas aquí, eso de las cenas de manteles largos para poder juguetearnos... Eso, eso que tenías cuando llegabas a mi trabajo en un audi, esa sonrisa chueca que ni tu te creías. Aunque en realidad nunca te perdonare que hubieras dejado la moto.

¿Recuerdas cuando hace doce años te pedí una relación formal y me contestase: "Soy de nadie"? Quién diría que con el tiempo yo fuese la que usara esa frase de estandarte y tu, tu con esa mujer morena que más bien parecía gris.

Sin chiste.
Fea y gris.

Pero ahora, me he enterado que después de seis años de relación (y me canso sólo de escribir esto) por fin la dejaste. Obviamente tenía que ser por otra mujer, pues ya eres de ese grupo selecto que afirma que no puede quedarse solo (el horror de los treinta, que le dicen) pero por lo menos ésta ya no pinta tan gris. Se ve púrpura, nunca será negro intenso como yo. Nunca. Pero, al menos lograste un avance sustancial.

Me alegra que el hombre que me acompañaba en los viajes de ácido en los conciertos de Daft Punk, ahora tenga al lado una mujer que, por lo menos, elogie su locura innata.

Me alegro.

¿Yo?
Ocupada con muchos, dueña de nadie. Porque si, yo, sigo siendo de nadie.

El abril, como las flores, que renace

A mi no me basta un anillo para sentir que pertenezco a un selecto grupo de mujeres de mi edad que parece, a manera de epidemia, que se encuentran posando sus manos en todas las redes sociales posible. Quizá por eso, querido diario, me he alejado tanto de tuiter (aunque no de forma indiscreta porque me encanta estalquear a la gente que cree que nadie esta mirando) y de este blog, de ti, mi querido y amadísimo diario que no tiene la culpa de que las mujeres, a la edad temprana de 25 a 30 años se vuelven unas cazadoras urgidas del esposo en cuestión. Muchas veces hasta las he escuchado decir tonterías que no vale la pena rescatar porque soy una persona que obedece a las reglas de las buenas costumbres y, cuando ya no se puede decir nada bueno, querido diario, es mejor omitir.

Omito entonces que he pasado los últimos meses trabajando y bebiendo vino tinto por las noches en mi nuevo balcón remodelado. Me he deshecho de aquella vieja computadora y estoy, ahora incluso, trabajando en una mucho mejor que la anterior, o por lo menos logró inspirarme a volver a ti, querido diario.

Pues como jamás regreso a tomar el hilo de donde vine a confesarme, te diré que la última vez que fui al cine fue para ver Anna Karennina a petición de una vieja amiga. No me gustó. No he leído la novela, que es enorme, pero en realidad me rehuso a creer que una heroína que deja a su marido no tenga la suficiente destreza como para no dejarse llevar por las corazonadas y las bajas pasiones.

Uno no se enamora de sus bajas pasiones. Si eso creen, permítanme condenarles a una vida llena de desdichas. Una se enamora de un hecho, no de un idilio. Se enamora de comprar una casa para compartirla con alguien, no se enamora de quien permite que la penetración sea más sencilla ¿Comprenden?

¿Recuerdas al niño abogado? ¡Cómo olvidarlo! Comí ayer con él y quizá, lejos de no mentirte con el asunto de la computadora, querido diario, lo cierto es que él puede ser la mayor razón que tuve para, después de desahogar ciertos pendientes en la oficina, vine a platicar contigo, para decirte que fue un gusto saber que, de nueva cuenta, el tiempo ha causado que lo olvide de una manera definitiva.

Por ahí, alguna vez leí que el amor hace que el tiempo pase rápido, pero que el tiempo hace que pase rápido el amor. Y es totalmente cierto. Vamos, ¡hasta lo vi feo!, situación que hace más de un par de meses, me parecía imposible. ¡Ande querido diario que el niño abogado es feo! Parece que perdió gracia cual niño de Holliwood que después de hacer tres películas exitosas ahora es un don nadie sumergido en las drogas.

Pasó por mi en su coche y fuimos a comer a un lugar de pastas. Vino tinto y mis pantorrillas enfundadas en medias negras para impresionar con el trabajo del gimnasio, fueron mis mejores aliados. Al final, tuve que desabotonarme la camisa blanca, a causa del calor, claro está... Y no pude evitar sentir su mirada como enganchándose a mi cuerpo.
- Qué pena, le dije, tengo que regresar a la oficina.
- Pppero ¿No me vas a dejar llevarte?
- No.
Y tomé un taxi.
No regresé la mirada, no miré encima de mis hombros, si mi corazón ya es ciego a sus nulos encantos, mis ojos también debían serlo.

Adiós, para siempre.

Amada amor amante

Años sin pasar por aquí.
Puede ser porque, en realidad querido diario, ya nadie pasa por aquí y temo que algún día saliendo de Moliere me encuentre a alguien que me diga: ¿Tu eres la mujer que sigue creyendo que tener un diario es sexy? Puede ser.

Si fuera el caso, seguramente le tomaría de la mano e iríamos a un lugar más íntimo. Siempre y cuando sea buen mozo, de lo contrario tendría que olvidarse de mi, como miles de hombres cuyos nombres no logro recordar.

Por ahora, por este momento, sólo estoy aquí porque debo decir que la última aventura me costó tener el pie con una bota de yeso, lo cual provocó que no fuera al despacho y ergo, me la pasara comiendo helado de chocolate a montón. Subí tres kilos y la galaxia comenzó a conspirar en mi contra. De regreso al gimnasio (porque no pienso regresar a ti, querido diario, hablando sobre la tontería de saltar una barda para que no me viera la esposa del tipo más sexy con el que estuve en lo que va del 2013) me topé con Ulises.

Después de dos semanas de arduo entrenamiento, nos encontramos en la clase de pilates.
- No sabía que los hombres se cuidaran haciendo pilates.
- Yo no sé como pude vivir 29 años sin ti.

Me enamoro. 
Eso y el peinado más masculino que en estos tiempos he visto.

De ahí me invitó por un café y luego fuimos a cenar y luego nos acostamos.
Ulises es un buen hombre, arquitecto que trabaja en un lugar que me es prohibido revelar, que usa loción que huele tan bien que puedes deshacerte ahí mismo, pero que no se deja olvidar tan fácilmente; tiene brazos fuertes y músculos de ensueño. Alto y mestizo, una delicia.

Sin embargo tendré que llevármela con calma, ya que el fin de semana tuve a mal encontrarme al niño abogado quien me dio la invitación para su boda.

- ¿Todavía la gente se casa? Bien, más trabajo para mi.
- Me encantaría que fueras, te di dos boletos, pero por favor, no lleves a tu sarcasmo.

Chico listo.
Chica tonta.
La vida es ¿cómo dicen? culera. No juega a los dados, es culera.

Desármame. Es lo único que pido para este nuevo año que comienza a partir de que nos damos cuenta de que hoy es el último día de un año que nos hizo crecer juntos y darnos cuenta que podemos vivir perfectamente el uno sin el otro.

You are my sunshine

Te prohibí que me sacaras una fotografía y aún así, lo hiciste.
Tenía 28 años y un hoyo en el corazón. Algo de lo que pocos presumen. Yo sí lo hice (presumirlo) porque supongo que es lo que logró que tu no te impactaras contra mi y pasaras de largo.
En la foto, levantaba una ceja y mantenía el martini con la mano izquierda. Se alcanzaba a ver el anillo de compromiso que yo misma me había comprado con los efectos que esperaba: Nadie decía que era una solterona, por el contrario, me preguntaban sobre la increíble historia de amor que había detrás de ese pedazo de metal con una diminuta pero brillante piedra.
Yo sonreía y giraba el cuello en símbolo de victoria. Una victoria inventada.
La foto.
Perdón, me perdí.
Solía pasarme que me enamoraba de gente parecida a ti. Solía pasarte que te enamoraras de gente parecida a mi. Por lo tanto era, hasta cierto punto lógico, que tuvimos que acostarnos para dejar de huir.
Pero huíamos por una razón que ambos conocíamos. Y caímos por pinches calientes.

Siempre te voy a amar, pero en secreto. Porque si lo hacemos público, entonces sí, el amor se va a acabar.

 

Mejor vete con tu novia, con tu amante, con tu esposa, con tu compañera, con tu mejor amiga, con todas ellas, porque yo, simplemente, si te encuentro en la calle, fingiré que nunca, nunca te conocí.

Ella regresó.

No es un secreto, me inclino más a pensar, querido diario, que todo el mundo ya se ha dado cuenta pero hacen de cuenta que no. No es un secreto que en el trayecto de lo que va de mi vida, he salido con muchos hombres que tienen novia.
Yo los tengo como en un estante cuyo título es: Cobardes.
No como queja, más bien porque siento pena por ellos. Ya sé que la mayoría de las mujeres podrán decirme que soy una persona de lo peor porque, a pesar de que sé que tienen novia, me acuesto con ellos, bailo con ellos, los beso y los hago míos por espacio de breves momentos y que eso no se hace por cuestiones de género y demás pendejadas adornadas de corazones en las "ies".
No.
Verás querido diario, yo sólo tengo un defecto: Querer vivir todo lo que mis brazos alcancen a abrazar. Así que no siento culpa ni nada parecido. Quienes son infieles son ellos, no yo.
Yo estoy bien conmigo y mis relaciones porque siembre advierto: Yo no soy de nadie. Ni tuya ni de nadie.

Y es cierto, me temo a veces que, ni siquiera yo me pertenezco.

Pero Raphael, me habló a las tres de la madrugada de ayer para declararme algo: Ella regresó.

La mayoría de los hombres sostienen que engañan a sus novias porque cambiaron, porque ya no les prestan atención, porque ya no se arreglan, porque dejaron de querer tener sexo con ellos. Por cosas así. Sostienen que ellas son las culpables y ellos unas pobres víctimas de circunstancias que no saben (ni quieren) controlar. Yo nunca trato de hacerles entrar en razón. Cada quien es responsable de sus pensamientos.

Pero él se fingía culpable.
Eso, querido diario, jamás se lo voy a perdonar.

Cuando me dijo "ella regresó" yo entendí "yo hice que regresara, pero soy tan cobarde para decirte la verdad del porqué esta será la última vez que coja contigo" que lo borré de mi lista de inmediato. Aún recuerdo que esperé hasta que se durmiera en el hotel. Tomé mi labial rojo y lo embarré completo en su camisa blanca y su corbata azul, en su maletín negro y en sus papeles le dejé la marca de mis labios. En todos ellos. Me llevé sus pantalones cuando salí, porque seguramente en ellos, dejó sus cojones.

Hombres, tengan el valor de decir la verdad.
La mentira, envilece. Creanlo.

Breve retórica sobre la segunda vez.

Mucha gente ya no cree en la posibilidad que atrae el leer un segundo libro por el puro placer de descubrir lo que en el primer tiempo hallaste. Para retarte, pues.
Pasa lo mismo con las segundas relaciones con la misma persona, querido diario. Mucha gente está en contra de ellas pero lo hace a escondidas, como en aquella vieja estación del metro portales en donde esperabas escondida a que él llegara con un ejemplar de "la insoportable levedad del ser" para que, antes de besarte, te pudiera envolver en las frases que acababa de leer pero te juraría que se las sabe de memoria.
Sin embargo, yo creo en la posibilidad del hallazgo. Eso que uno encuentra después de haber revisado el lugar por cada centímetro cuadrado. Algo que estabas dispuesto a perder pero no resignado a no encontrar.

Segundo en tiempo, según un canon de abogado, ya no es primero en derecho. Pero sí puede pasar que sea primero en descubrir sensaciones que sin ser amor, se parecen bastante.

No sé porque la gente tiene miedo a enamorarse de la misma persona por una segunda vez. Me parece que no se han puesto a pensar en la posibilidad porque simplemente se creen demasiado importantes y de eso, querido diario, ya hay mucho.

Yo siempre brindo segundas oportunidades, y terceras, y cuartas. Porque al fin y al cabo, venimos aquí para errar caminos una y otra vez.

Al menos, eso pienso yo.

Una idea de teatro

Me atrevo a decir que todas las mujeres sabemos el momento indicado en el que debemos irnos. Sólo que son muy pocas aquellas que lo hacen, supongo que es porque tienen miedo y no quieren estar solas y entonces secuestran lo poco que les queda de dignidad y siguen arrastrándose a un final cada vez más esperado. Pero a mí no me da miedo estar sola. A mí no me da miedo darme la famosa media vuelta, no importando nada e irme. Porque a fin de cuentas yo sólo vine al mundo a huir y eso ya lo tengo más que definido.

No voy a relatarte, querido diario, como fue el último acto de escapismo pero no resultó nada bien. Para él, claro está. Porque yo hace quince días estoy secuestrada en todos los restaurantes de polanco porque la vida suele ser demasiado corta para basarse en el glamur. Aunque resulta un ejercicio bastante interesante.

Ahí, en un restaurante de tapas me encontré a una amiga.
Fue divertido porque pedimos demasiado vino y teníamos muchas historias que contar.

Pero ahora que está casada suponía que las cosas habían cambiado.
Acerté pero para mal.
Resulta que ella y su esposo viven una obra de teatro donde ellos son los personajes principales a los que dejan que les suceda todo.
Yo quiero un escenario porque actores, ya tengo muchos.

Huir

Me gustaba una canción que ponía en su departamentito de Third eye blind que se llama "Never let you go". Me la cantaba en boxers antes de meterse a bañar y yo lo veía hacer el ridículo desde la cama mientras encendía el primer cigarrillo del día.
Bailaba y me decía al oído que me amaba y yo le aventaba el humo en la cara.
La canción seguía y me preguntaba:
- ¿Qué quieres desayunar guapísima?
- Café.

Y se iba a la cocina a prepararlo.
Yo me quedaba en cama, desnuda. Pensando sobre todo en que seguramente no duraría mucho tiempo. Esto de ser tan consentida no me gusta mucho. Quería meterse con mi dieta y me decía que comiera más que estaba muy flaca. ¿Quién carajos se creía? Pendejo.

Pero ya no tendré que hacer más corajes.
Ayer fue el momento ideal para saber que tengo que huir de ahí y lo haré en el concierto de Metallica.
El problema es que aún no sé como.

Manifiesto

No estoy para ser tu novia.
Tampoco para ser tu amante.
Soy amante y ya.
Porque me gusta el amor pero no el compromiso.
Agradece que soy clara, estas en posibilidad de exigirme que no haga dramas nunca. La verdad es que no me gusta hacerlos. No soy esa clase de mujer.
Soy una persona que siente sin consecuencias ni frustraciones.
No me engancho, no tengo ancla, nunca me quedo en un puerto por más de un año, porque la vida es muy corta como para limitarse a no conocer los demás.
Los hombres, como tu en especial, son tan interesantes que no me puedo perder la oportunidad de enredarme en sus espaldas o en sus piernas, o en su entrepierna. No puedo perderlo. No lo permitas.
Así las cosas claras deben ser desde un principio.
Nada de falsas promesas ni destellos a futuro.
A mi quiere me hoy y mañana ya ¿quién sabe?
A mi deseame y hazme el amor hoy, ya mañana ¿para que?

No estoy para ser tu esposa.
Tampoco tu mejor amiga.
Soy alguien que no puedes perderte de conocer; pero tampoco puedes atrapar.