Hoy venia caminando por la calle, pensando en los bikinis que me llevaré a manzanillo junto con mi bloqueador sabor coco -por aquello de las lamidas en la espalda, que nunca sabes cuando lleguen- cuando un tipo se me acerca y me dice ¿Te han dicho que eres una de esas mujeres treintañeras que se perciben sumamente sensuales? a lo que yo, únicamente respondí: ¿Perdón? Me perdí en "una de esas mujeres".
Y es que quien es la autoridad para decirte que eres hermosa?
Quién es el jurado? Hay jueces? En caso de empate hay gol de plata?
Y es que yo, después de todo, únicamente sé dos cosas:
1) Yo soy hermosa no porque alguien me lo diga, más bien porque lo noto todos los días frente al espejo (Y así deberían de hacerlo todas); y
2) TENGO 28 AÑOS!
Siempre he creido que yo fui Marylin Monroe y que ahora me llamo Dolores por caprichos del triste destino.
Nostalgia
Extraño ese helado de bing.
Había uno en especial que se convirtió en todo un clásico: Espuma de ángel.
¿Lo recuerdan?
Yo si.
Era rosita con bombones, un día me invitó a tomar un helado ahí, a la narvarte que era finolis finolis y yo no lo era tanto porque no trabajaba de abogada sexosa mata culeros y refunde rufianes en polanco.
Entonces pagabas y luego pedías... Las luces eran naranjas y rosas y mis bombones blancos.
Entonces comiamos y nos tomabamos de las manos.
Reías y me decías que era una niña.
Tenia 17,
tu tenías 25.
Y entonces prendias un cigarro y me enseñabas a fumar.
Y me decias: Que bonitas piernas debajo de esa faldita escolar escosesa... Y metías la mano...
Y me volaba las clases para irnos en tu moto...
Y entonces sucedió un buen día que dejé de ser niña y te lo grité ahi, desnuda en tu cama mientras tu repetías con toda la razón del mundo: Te acabo de joder la vida.
Si, quiero un helado de esos de bing, espuma de ángel y después fumarme un cigarro y que ahora vengas a hacerme anciana, después de que tu me hiciste mujer.
Había uno en especial que se convirtió en todo un clásico: Espuma de ángel.
¿Lo recuerdan?
Yo si.
Era rosita con bombones, un día me invitó a tomar un helado ahí, a la narvarte que era finolis finolis y yo no lo era tanto porque no trabajaba de abogada sexosa mata culeros y refunde rufianes en polanco.
Entonces pagabas y luego pedías... Las luces eran naranjas y rosas y mis bombones blancos.
Entonces comiamos y nos tomabamos de las manos.
Reías y me decías que era una niña.
Tenia 17,
tu tenías 25.
Y entonces prendias un cigarro y me enseñabas a fumar.
Y me decias: Que bonitas piernas debajo de esa faldita escolar escosesa... Y metías la mano...
Y me volaba las clases para irnos en tu moto...
Y entonces sucedió un buen día que dejé de ser niña y te lo grité ahi, desnuda en tu cama mientras tu repetías con toda la razón del mundo: Te acabo de joder la vida.
Si, quiero un helado de esos de bing, espuma de ángel y después fumarme un cigarro y que ahora vengas a hacerme anciana, después de que tu me hiciste mujer.
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