Una tarde después del partido

Salí decepcionada del trabajo, ser litigante puede ser un trabajo demasiado complicado, a veces.

Las calles estaban llenas de gente, gritos, banderas... México, México, México, gritaban. Caí en cuenta, había terminado el partido de la selección. Deduje que habíamos ganado y como Hansel y Gretel que se enlelan con la casa de dulces, seguí a la multitud y entre gritos y jalones a dos gringuillos que no son raros encontrar en polanco, encontré a un actuario de un juzgado fiscal federal.

Hasta en los juzgados hay razas, diría mi jefe.

Me invitó a comer el día de hoy y acepté. No porque estuviera guapo (que sí lo es, medianamente pero sí) no porque tuviera dinero (que sí pero me hago la loca diciendo que eso no me interesa, aunque si) no porque.......estuviera casado....... Más bien porque tengo un amparo ahí en su juzgado y si lo gano me embolso 25000.

Recién regreso.
No me fue mal.
Pero me tomó de la mano y...
...esta vez no resultó nada oportuno.

Me rehúso a andar con un casado (aunque sé muy bien que eso se encuentra carente en mi escala de valores morales, que ni tengo).

En fin.

Díalogos

- ¿Porqué te enojas conmigo belleza, si te di un orgasmo?
- Sí, lo sé. Pero para tener un orgasmo no me haces falta tu, puedo yo sola.
- No entiendo a las mujeres ¿No siempre se quejan de que no nos preocupamos por sus orgasmos?
- No se trata de preocuparte por eso, se trata de preocuparte por el proceso, ese es el que realmente vale la pena.


- ¿Cuándo dejarán de ser idiotas los hombres?- dice una amiga.
- Cuando dejes de hablarles de esa manera enredada que tienes.- le contesto.
- Entonces creo que nunca dejarán de ser idiotas.
Le creí.