Estoy pensándolo mucho, querido diario. Quizá tu puedas ayudarme.
¿Qué diferencia hay entre querer cogerte a alguien y amar a alguien?
Ya sé que dirás que es un mar de diferencia. Pero ¿Cuál es esa línea delgada que no se tiene que cruzar? No se vale decir que extrañar... Al que te coges también lo extrañas. Tampoco que quieres pasar más tiempo hablando de porquerías y medias porque puede ser que al que te quieras tirar sea inteligente y pases una sana conversación con él...
También puede ser que al que dices amar te aburra... Y al que te quieres coger, también.
Suele pasar ¿No querido diario? Que quieras y que no desees o que desees y no quieras.
¿Cuál es la diferencia?
Porque yo, francamente, no encuentro ninguna.
Siempre he creido que yo fui Marylin Monroe y que ahora me llamo Dolores por caprichos del triste destino.
Yo no soy
Yo no puedo, lo he intentado, no puedo tener una relación estable. Me harto, me desespero. Me aburro.
Sucede que casi siempre: Los hombres no me dicen lo que quiero, no actúan como se espera, no hacen lo que tienen que hacer.... Y yo no soy paciente para explicar lo que quiero, no tengo don de maestra, no sé enseñar. Nunca he querido ser madre para cuidar niños y menos para criar a un hombre. No nací para eso.
Por eso brinco de cama en cama, de lugar en lugar, porque cuando me aburre, ya no hay nada que hacer, ya no hay que decir, prefiero volar y crear otra historia: Desaparecer.
Yo no puedo ni quiero ser paciente, no nací para aprender eso. Yo prefiero los inicios y la etapa del enamoramiento. El coqueteo, la cosquilla, lo nuevo y la chispa en los ojos. Los besos eternos y suaves, el sexo rudo y sensual. Prefiero caricias interminables que días de hartazgo, esperando que te tiren un lazo.
Prefiero huir que contemplar como se cae el castillo del mundo de la fantasía.
Tú sabes querido diario, yo no soy, yo no...
Sucede que casi siempre: Los hombres no me dicen lo que quiero, no actúan como se espera, no hacen lo que tienen que hacer.... Y yo no soy paciente para explicar lo que quiero, no tengo don de maestra, no sé enseñar. Nunca he querido ser madre para cuidar niños y menos para criar a un hombre. No nací para eso.
Por eso brinco de cama en cama, de lugar en lugar, porque cuando me aburre, ya no hay nada que hacer, ya no hay que decir, prefiero volar y crear otra historia: Desaparecer.
Yo no puedo ni quiero ser paciente, no nací para aprender eso. Yo prefiero los inicios y la etapa del enamoramiento. El coqueteo, la cosquilla, lo nuevo y la chispa en los ojos. Los besos eternos y suaves, el sexo rudo y sensual. Prefiero caricias interminables que días de hartazgo, esperando que te tiren un lazo.
Prefiero huir que contemplar como se cae el castillo del mundo de la fantasía.
Tú sabes querido diario, yo no soy, yo no...
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