Querido Diario, tu bien sabes que no debería estar aquí contándote lo que acaba de suceder, pero también sabes que soy una chismosa de primera y que ante la menor provocación voy a venir a contártelo todo.
Estaba yo muy feliz en Moliere (¿Dónde si no?) cuando de pronto, veo llegar directo hacia mi al niño abogado. Suspiré feliz tratando de guardar en mi disco duro la sensación tan dulce y deliciosa de ese momento. Aguardé su llegada y en eso, que entra a la tienda y que se para frente a mi y sólo sucedió, no me preguntes porqué... Nos besamos.
Así, sin palabras, sin explicaciones, sin nada. Nada más por el puro gusto de hacerlo. Extrañaba sus besos y ese olor que de él sólo emana. Me tomó por la cintura y me dejé llevar, hasta donde pude llegar.
Cuando terminó el beso comenzamos a hablar.
Que si el mundial, que si el día, que sí el calor. Pendejadas.
Le conté del trabajo, me contó del suyo. Suspiramos y él se fue, en dirección contraria a la ruta que tomé de regreso al trabajo. Fue todo.
Y yo, volví a sonreír.
Lo odio, querido diario, como no tienes una idea. Pero no puedo evitar, que me guste tanto. Que me encante que aparezca así como así de la nada, justo cuando más lo necesito, que no me pida explicaciones, que vivamos en vidas paralelas, que siempre sea así, que sepa que decirme, como decirme...
Que tope su frente a la mía y me diga: ¡Respira!
Ok, la verdad es que, soy una pendeja.
Siempre he creido que yo fui Marylin Monroe y que ahora me llamo Dolores por caprichos del triste destino.
Una muñeca de aparador
La verdad querido diario, no soy celosa.
¡En verdad! Sé que todas las mujeres que conoces dicen lo mismo y ante la primera apariencia de engaño sacan afilados sus tacones, dispuestas a matar. A mi no me importa. Que compare, a ver si muy buena su muñeca.
Porque todas las amantes son muñecas. Y no las puedo criticar porque yo he sido una de esas por mucho tiempo, es más, me gusta serlo. Las muñecas viven en un mundo falso, en una casita de cristal hermosa, pero que no existe. Disfrutan de un amor que no es el real, eso es lo que nos diferencía de las novias, de las esposas.
Ellas tienen que vivir una realidad babosa y resbalosa: Enfermedades, pobreza, enojos, desdenes. Todo. Nosotras las amantes, no, sólo nos toca el hombre de buenas, dispuesto a pasar una buena tarde, sin peleas, sin corajes, sin momentos incómodos. Cuando nos ven, estamos dispuestas a dar, porque puede que sea la última vez y esa sensación de "Aprovechame ahora" marca la diferencia.
Pues bien mi querido Diario, lo cierto es que descubrí que mi novio me engaña. Tiene una muñeca.
Ella es linda pero ingenua, tiene 23 años y parece de 17. Juega con fuego y temo decirle que al que se ha metido tiene amplias posibilidades de perder. Es egresada de la facultad de Ciencias, de la UNAM, es una de esas alborota hormonas que les gustan a los hombres trajeados: La que siempre esta en contra de todo y a favor de la naturaleza. De esas idealistas que creen que el mundo va a arreglarse con 10000 firmas.
Sí, yo la investigué. No me da pena decir que a la muñeca de aparador no sólo le llevo algunos años, también varias experiencias...
Así que topé de frente a mi novio y le dije:
¡En verdad! Sé que todas las mujeres que conoces dicen lo mismo y ante la primera apariencia de engaño sacan afilados sus tacones, dispuestas a matar. A mi no me importa. Que compare, a ver si muy buena su muñeca.
Porque todas las amantes son muñecas. Y no las puedo criticar porque yo he sido una de esas por mucho tiempo, es más, me gusta serlo. Las muñecas viven en un mundo falso, en una casita de cristal hermosa, pero que no existe. Disfrutan de un amor que no es el real, eso es lo que nos diferencía de las novias, de las esposas.
Ellas tienen que vivir una realidad babosa y resbalosa: Enfermedades, pobreza, enojos, desdenes. Todo. Nosotras las amantes, no, sólo nos toca el hombre de buenas, dispuesto a pasar una buena tarde, sin peleas, sin corajes, sin momentos incómodos. Cuando nos ven, estamos dispuestas a dar, porque puede que sea la última vez y esa sensación de "Aprovechame ahora" marca la diferencia.
Pues bien mi querido Diario, lo cierto es que descubrí que mi novio me engaña. Tiene una muñeca.
Ella es linda pero ingenua, tiene 23 años y parece de 17. Juega con fuego y temo decirle que al que se ha metido tiene amplias posibilidades de perder. Es egresada de la facultad de Ciencias, de la UNAM, es una de esas alborota hormonas que les gustan a los hombres trajeados: La que siempre esta en contra de todo y a favor de la naturaleza. De esas idealistas que creen que el mundo va a arreglarse con 10000 firmas.
Sí, yo la investigué. No me da pena decir que a la muñeca de aparador no sólo le llevo algunos años, también varias experiencias...
Así que topé de frente a mi novio y le dije:
"No te voy a preguntar, porque ya lo sé: Te ves con otra.
Espero que te hayas divertido fingiendo que aún me quieres, pero ya acabó, los
dos perdemos.Tu niña de 23 años ha de estar ansiosa porque le cuentes que tu
novia de casi 30 se acaba de dar cuenta que lo nuestro, era puro cuento.Sé feliz... Si puedes."
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