Y le pregunto

- ¿Qué vas a hacer el fin de semana?


Me alienta que sea tan joven, lleno de planes absurdos y acciones de adolescente.

- Voy a ir al bar de la hermana de mi novia hoy por la noche, mañana a una boda y el domingo iré a jugar squash, descansar y leer muchos libros.

Amo que lo haga todo como si todavía quedaran tantos fines de semana para desperdiciarlos de esa manera. Tan descuidado.


- ¿A una boda? - Cuestiono. ¡Es un niño! No puede ir a bodas como yo ando a bautizos y primeras comuniones. Celebraciones de aniversarios de casados ¿Qué está pasando? ¿No que la gente no tiene dinero?


- No. De un tío.

Descanso.


Lo ubico perfecto: Pantalón gris, camisa blanca, zapato negro muy bien boleado, y tirantes. Me dan ganas de ir por él.


- ¡Pues que te diviertas!

- Gracias. ¿Qué harás tú?


Me quedo pensando en la respuesta exacta. No la hay.


- Iré al salón de belleza y en la noche por unos tragos con unas amigas. Mañana iré a un spa y el domingo iré al cine.

Mentiras.


- Relájate. Mi novia dice que el spa al que vas es muy bueno.


Conozco a tu novia. Es mi nueva pasante. ¿Qué hago coqueteándole a su novio?

La respuesta exacta: Le pedí su messenger. Me preguntó que si todavía lo usaba, porque estaba el facebook y el twitter. Contesté que no tenía facebook y abrió los ojos. Pero que tenía twitter y messenger. Me dijo que abriría uno para platicar conmigo.


Llevamos una semana platicando de cosas banales y él me deleita poniendo diferentes fotos de perfil para que lo admire. Su novia, mi pasante, lo único que sabe es que su novio, no tiene messenger.

Extraños.

Él es guapo. Claro que lo es. Es muy guapo.

Miro y vuelvo a mirar su fotografía como si fuera la imagen de algún santo famoso.

Me gusta mirarlo y recordar cuando fue mio. Lo veo con su novia, con su ex novia, con una amiga, con unos amigos, jugando al fútbol. Tan guapo. Y ninguna de esas personas saben que fue mío. Que me arrojó a la cama después de haberme quitado la ropa de la misma manera con la que abre apresuradamente la cajetilla de sus cigarros.

Fue tan mío que me dedicó canciones y uno que otro cuento en la gaceta de su escuela, su universidad. Fue tan mío que le temblaban las manos cuando iba a recogerme, que su chamarra de piel lustraba antes de aparecerse frente a mi.


Y yo lo quise.

Como se quiere a un ferrari rojo. Como se quiere al labial coral. Como se ama un buen libro. Como la mejor escena de la ópera roja.


Fue tan mío que se ponía nervioso y su voz temblaba, dejando sólo una sonrisa chueca. Tan mío que compartíamos sueños que jamás se hicieron públicos. Porque para los ojos del mundo yo no soy nadie para él y él no es nadie para mi. Somos extraños.


Bendito Facebook que me ofrece unos segundos de felicidad al mirar tus fotografías y recordar que fuiste mío, mi querido extraño.