¿Cómo?

De alguna manera me acordé de la sonrisa idiota que ponía cuando pasabas por mi en tu coche fancy y tus relojes caros.

Esa estúpida sonrisa que dejaba entre los dientes, sintiéndome la engreída reina de una película de esas, que tanto odio.

Pero no estábamos destinados a ser. Y eso todo el mundo pudo haberlo sospechado, menos nosotros, los aguerridos tontos que jugábamos a ser idiotas.

Y como tales, insistimos por años en una relación cuyo mayor fruto fue el olvido, el lento y sigiloso sueño estereotipado fundado en un: nunca podrá ser.

Lástima.

Todo parecía sacado de la novela rosa que parecía culminar con un final feliz. Incrédulos. Años y años de correos, de vínculos creados como si fuéramos fugitivos. Regalos anónimos, cartas escritas con papel china y pluma fuente. Nada sirvió, de todas formas terminamos como espuma de mar: al final de una ola.

¿Cómo se termina algo que nunca comenzó?

No tengo la mas mínima idea. 

Supongo que como comenzó: que nadie diga nada y entienda las indirectas y adiós.

Adiós.

Soy simplemente una tormenta.

tormenta.
(Del lat. tormentapl. de -tum, tormento).
1. f. Perturbación atmosférica violenta acompañada de aparato eléctrico y viento fuerte, lluvia, nieve o granizo.
2. f. Adversidad, desgracia o infelicidad de alguien.
3. f. Manifestación violenta de un estado de ánimo excitado.
4. f. Cantidad grande de algo, especialmente si es impetuoso y violento. Una tormenta de ataques y de protestas de la prensa contra el Gobierno.
5. f. Perturbación o agitación en algún aspecto de la organización política, económica o social. Una tormenta financiera.



No sé en que momento comenzó a escribirse en estas páginas las aventuras que me ha traído ir tras el amor una y otra vez sin saber precisamente lo que estoy buscando. Esa parte, querido diario, es la que me ha asustado continuamente mientras tomo mi copa de vino, tranquilamente en el lugar en dónde suelo relajarme después de tener las horas contadas para presentar un amparo.De pronto, llegas tu de la nada, como si todo estuviera bien y como si los diez años que hay de distancia entre nosotros hubieran parecido un simple juego del que no hay que distraerse ni un solo momento. No pasa nada frente el influjo de tu mirada, pareces dominar a las sirenas. Pero da la casualidad que yo no soy una de esas féminas. A mi, debes temerme.Soy una perturbación del viento, una mezcla rara entre los tres estados del agua. Pero soy alguien que trata de hacer parecer, al velero que navega en mí, que soy de confianza, que no hay por qué temer.Soy una gran cantidad de lo que no pudo ser, una manifestación violenta de odio y amor al mismo tiempo. Soy una tormenta, mi amado navegante.Pero en ese momento, sentada frente a mi copa, llegaste a mi mesa y no preguntaste si deseaba que te sentaras, simplemente, te sentaste.
¿Estas agitada? Preguntaste. Nada volvió a ser lo mismo entonces.¿Has escuchado que la marea sube por las noches debido a la presión atmosférica? Algo así es mi vida. Y llegaste por la noche, aclaro. Te acabas de marchar.
Platicamos y de pronto, pagaste la cuenta y te fuiste. Vaya manera de hacer pensar que todo está bien.
Mi tormenta favorita, exclamaste. Pero en lugar de enfrentarla, marino cobarde, le sacaste la vuelta y giraste tu velero hacia mares más tranquilos, lejos de mi.No está mal. Yo lo hubiera hecho. Es sólo que pensé que esta vez sería diferente. Pero debo de guardar las ganas en un rincón, contigo nunca se sabe. Porque si yo soy una tormenta, tu eres simplemente, la marea.

marea.
(De marear).
1. f. Movimiento periódico y alternativo de ascenso y descenso de las aguas del mar, producido por la atracción del Sol y de la Luna.
2. f. Parte de la costa que invaden las aguas en el flujo o pleamar.
3. f. Viento blando y suave que sopla del mar.
4. f. Cantidad de pesca capturada por una embarcación en una jornada.
5. f. Viento que sopla en las cuencas de los ríos, o en los barrancos.
6. f. Multitud, masa de gente que invade un lugar.
7. f. p. us. Rocío, llovizna.
8. f. desus. Conjunto de la inmundicia o bascosidad que se barre y limpia de las calles y se lleva por ellas, facilitando su arrastre con el agua. Era u. m. en Madrid.

Étereo

Desde hace siete años, casi ocho, tengo una relación secreta que va y viene, dentro del mar de todas mis otras relaciones fugaces. Nos escribimos cartas por correo electrónico y mensajeamos hasta la madrugada por teléfono. Mediante esta bendita tecnología que, aunque estando sola en mi departamento, siempre estoy acompañada por miles de palabras. Pero es momento de confesarme.

Una no puede suponer que el amor durará por siempre, a lo largo de los años, pero esto ha sido tenue y ello le ha valido el tiempo transcurrido.

Hemos pasado por tantas cosas que de escribirlas, tal vez en algún momento haga una novela o un guión de película que sólo verán las mujeres que siempre han querido tener a alguien a pesar de todo.

Y ahora estoy aquí, confesándome después de tantos años, querido Diario. Y lo hago porque ya no puedo más.

La leyenda se desfunda y se convirtió en realidad. Justo eso hizo que la magia terminara.

En el fondo se escucha una ligera música de piano. Estoy cansada de todo, de fiestas navideñas, de la familia y de compromisos con la oficina. Dejo las zapatillas en la entrada de mi recién alfombrado hogar. Abro una botella de vino y de pronto un mensaje:
- Qué haces?
- Llegando a casa, ¿gustas una copa? - envío una fotografía de la botella y de dos copas, una llena y la otra, vacía.
- Sigo en el trabajo.
- Son las tres de la mañana.
- Lo sé.
- Bueno, yo bebo esto y disfrutaré mi viernes.
- Me gustaría estar contigo, aunque de cierta forma, estoy.
- Pero no estás dándome un masaje a los pies.
- ¿Recibiste mi regalo?
- Si. No tenía idea que tuvieras la dirección del despacho.
- Yo no tenía idea de que después de tantos años, te ame tanto.
- Esas son palabras mayores, las cuales no puedo leer en voz alta. Me aterra.
- Pero es la verdad.

Me sirvo otra botella de vino y entonces todo termina entre borbotes de tinto y unas cuantas canciones dedicadas. Lo cierto es que nos sentimos muy solos y el saber que existe alguien del otro lado, lejos, pensando en ti, recrea un área de confort que nos ha mantenido cuerdos por tanto tiempo. Él deja de escribir. Dice que me ama pero no me escribe los fines de semana. No es necesario ser un detective para saber porqué. Seguramente yo tampoco abandono el juego porque había estado muy ocupada tratando de tener una vida social, o porque salía con alguien o por algo en especial. Pero lo cierto es que nunca me había hecho tanta falta como ahora.

Ahora que justamente, es viernes. Y le tengo miedo al sábado pero pánico al domingo. Me invento algunas cosas que hacer pero miro el celular cada diez minutos y eso no es vida. Cuando una canción te gusta la repites mil veces, la cantas, miras el vídeo. Pero luego, te cansa, deja de ser tu canción favorita, surge otra, pero ¿hasta cuando? pero ¿y si no?

Por el momento, no he encontrado nada en la radio que me guste, este estilo nuevo me abruma pero no me gusta. 

Estas heridas no se han construido solas, he recorrido mucho para llegar hasta aquí.
Y me siento terriblemente triste.

Triste porque las páginas en blanco se siguen quedando así, y tan sólo obtengo suspiros de lunes a viernes. Porque no he querido tener a alguien más, pero él no me ha querido tener a mi. La historia entonces se convierte en un veneno que estoy pensando si tomar o no.

De todas las historias que pudiera contar, esta es la más etérea. No la puedo tocar, no la puedo terminar, porque no se puede terminar algo que no se ha iniciado, porque no lo tengo frente a mi para pedirle que se acaba de ir no sólo los viernes, sino todos los días.

Y de pronto, a la luz de un sol inexistente, un mensaje:
- Que tengas un viernes, maravilloso.

Y yo vine a escribir esto.