Indirecta 1

¿Y qué hubo de la noche en la que decidimos decir "adiós"?
Cenizas.

Y esas 500 noches que todavía no terminan.

Si todo fuese simple, siguiéramos con vida.
Muertos, dibujando entre escombros, nos hemos olvidado.
Como quien olvida la contraseña de su correo electrónico: Mejor se busca otro. Crea una nueva vida, con el perfil que le hubiera gustado, con el juego de golf cada fin de semana y con el cigarrillo a medio terminar cada miércoles, a las 17 horas. Pensando en que quizá en la vida paralela en la que nos gustaba pensar, también terminamos mal.

También, terminamos.

¿Cómo?

De alguna manera me acordé de la sonrisa idiota que ponía cuando pasabas por mi en tu coche fancy y tus relojes caros.

Esa estúpida sonrisa que dejaba entre los dientes, sintiéndome la engreída reina de una película de esas, que tanto odio.

Pero no estábamos destinados a ser. Y eso todo el mundo pudo haberlo sospechado, menos nosotros, los aguerridos tontos que jugábamos a ser idiotas.

Y como tales, insistimos por años en una relación cuyo mayor fruto fue el olvido, el lento y sigiloso sueño estereotipado fundado en un: nunca podrá ser.

Lástima.

Todo parecía sacado de la novela rosa que parecía culminar con un final feliz. Incrédulos. Años y años de correos, de vínculos creados como si fuéramos fugitivos. Regalos anónimos, cartas escritas con papel china y pluma fuente. Nada sirvió, de todas formas terminamos como espuma de mar: al final de una ola.

¿Cómo se termina algo que nunca comenzó?

No tengo la mas mínima idea. 

Supongo que como comenzó: que nadie diga nada y entienda las indirectas y adiós.

Adiós.