La última de mis vacaciones

La verdad es que todos quisieramos tener a quien querer y quien nos quiera.
Indudablemente.
Pero, ante el peor de los casos, buscamos siempre a quien cojernos.
Y quien diga que estoy mintiendo es un hipócrita.

Pues yo estaba en playa del carmen y después de que el tenor se fue pues obviamente me dejó un poco... Ya saben...

Pero ante la incertidumbre y las increíbles ganas de quedarme echada al sol como lagartija, no hice nada para procurar que fuese diferente mi destino y dejé que él (el destino) se acercara a mi.

Nada pasó en los primeros días, evidentemente.

Hasta que en el bar, la penúltima noche, conocí al hombre más simpático que pude haber conocido, realmente no era muy guapo pero tenía ese típico que se yo que no sé que me gusta que me cautivó. Tenía un cuerpo si no bien trabajado, por lo menos cuidado. Detesto a los gordos, eso de agitar la panza en el meneo pertinente no es nada sexy.

Entonces me acerqué al hombre delgado y le invité una cerveza, que él aceptó con una sonrisa en la boca, de las mejores que francamente, he visto. Me imagino que se acababa de blanquear los dientes, nadie podía tenerlos tan blancos así porque si.

Y comenzamos la plática. Y comenzamos a reír y a hacer alguno que otro coqueteo inocente, pero con plenas intenciones de llegar como que a más. Discretamente su amigo se movió a otro lado, mis amigas ya me conocen así que salieron a cazad ejem digo a pasear a la playa. Mientras yo me jactaba de como me había jactado otra vez del destino y una vez más me salía con la mía.

- Bueno pues es muy noche, hay que dormir. - Me dijo sonriendo maliciosamente.
- Si es verdad ¿En que cuarto estas hospedado? - Parpadenado estrenduosamente pregunté.
- ¿Quieres que te enseñe en donde exactamente?

Pero por supuesto que era invitación abierta. Y dijimos que sí.

La verdad es que muchas veces que te encuentras en una situación como esa, de llegar a más en el primer encuentro, te dan pena muchas cosas, no es como que lindo causar una mala impresión en el momento en el que el acto sexual empieza y en la playa aunque no había tanto problema (porque ya había sufrido con la cera y había quitado de mi cuerpo cualquier rastro de los horribles vellos corporales) pero en el momento en el que habíamos terminado la primera batalla, se excusó para ir al baño... Y se sonó de una manera tal la nariz que parecía que se le estaba saliendo el cerebro ahí mismo. Me imaginé que había estado en la cama con nada más y nada menos que mi abuelo, creo que hasta escupió un par de veces... Dios sabrá en donde... Y yo aterrada en la cama, agarrando las sábanas entre más escuchaba.

Si hubiera sido una aventura en la ciudad, seguramente me hubiera quedado en la habitación y hubiera fingido que no escuché nada. Pero era mi último día ahí, él no sabía ni mi nombre, ni donde me hospedaba, nada. Así que emprendí la huida. ¡Retirada mi ejército!

Y ya no supe nada más.
Fue un viaje, descansé y tuve acción (aunque no la que yo hubiera querido pero ¿qué se le va a hacer?) eso sí muy bien cuidada la cosa, no crean que soy tan valiente, pero si hacemos una estadística, descansé más de lo que me divertí.

Y ahora, a seguir con el trabajo... Que es viernes y hay que salir a ver que hay por las calles de polanco porque hoy se me antoja un gringo.

2 comentarios:

Pablo Estèvez dijo...

y tu tienes alguna vez has mirado al abismo?

Lolita dijo...

Lo he mirado, pero jamás sucumbido